dimecres, 25 d’abril del 2012

Discriminació per edats?


Us deixe l'article d'una mestra, Elena Laiz Sasiain, on parla dels beneficis de l'agrupament per edats heterogènies a les aules. Trobe que és un punt de vista a tindre en compte i al meu parer molt interessant. 

Durant un any vaig poder conviure en una escola d'aquelles xicotetes que han d'agrupar cursos per falta d'alumnes. Era el segon cicle d'infantil, allà convivien infants amb dos anys i mig amb alumnes de quasi sis anys i us puc dir que el resultat era ben positiu. Tot allò que explica l'Elena al seu article es produïa amb total naturalitat dins l'aula i les aportacions del grup al complet ajudaven en el procés maduratiu d'aquestos infants. Feia gràcia poder observar com es rectificaven els uns als altres i he de dir que era molt efectiu, de vegades més  que si era dit per la mestra.

Si apostem per la integració de manera globalitzada a les aules pensant que ens beneficiarà i ens prepararà per a la VIDA amb majúscules perquè l'escola no reflecteix aquest modus vivendi amb agrupacions que realment siguen beneficioses per al desenvolupament? 


Us deixe també un gran documental "Être et avoir" de Nicolas Philibert. Reflex d'una escola rural. El documental és en versió original amb subtítols en portugués.


RETALLS:

Extret de la revista Grao

¿Tiene sentido dividir la escuela por edades?

El debate sobre la división de la escuela en grados por edades es antiguo, pero hace tiempo que no se pone sobre la mesa. Os proponemos la lectura de este artículo de Elena Laiz sobre el tema y que nos deis vuestra opinión.Tus comentarios pueden ser reproducidos en las revistas de la Editorial Graó. Recuerda indicar tu nombre y el nivel en que trabajas, por favor.

- ¿CUÁNTOS AÑOS TIENES?

- Y, ESO… ¿QUÉ IMPORTA? 
No, en el cine, no… (ni en el teatro, ni en el circo…) 

Las películas de cine no están clasificadas por edades; aunque haya películas infantiles, juveniles y para adultos, somos nosotros quienes decidimos qué película queremos ir a ver (solamente en el caso de los más pequeñitos serán sus padres o tutores los que decidan por ellos), y no tenemos que justificar nuestra elección enseñando el DNI. Pero, incluso dentro de esas categorías, en las salas de cine no se separa a los espectadores por edades. ¿Os imagináis que así fuera? Casi nunca podríamos estar viendo la película con nuestros amigos…, ni los padres con sus hijos… Ridículo, ¿no? 
No, en la piscina, no… (ni en la playa, ni en la pista de patinaje…) 

Cuando vamos a la piscina nos bañamos donde queremos y cuando queremos, dependiendo de cualquier razón, gusto o manía que se nos ocurra, nunca teniendo en cuenta nuestra edad ni la de los demás bañistas que estén en el agua. ¿Os imagináis que tuviéramos que declarar nuestra edad para nadar por una u otra calle o a una determinada hora? Ni siquiera en los cursillos de natación los agrupamientos son por edades, sino por nivel de conocimiento de la materia. 
No, en el autobús, no… (ni en el tren, ni en el avión…) 

Lo único importante para coger un autobús u otro es el destino al que queremos dirigirnos, no cuántos años tienen el conductor ni los demás pasajeros. Nos da igual que nuestro compañero de asiento sea niño, joven o viejo. ¿Os imagináis los horarios de autobuses organizados por edades? A las 8, los de 8 años; a las 9, los de 9; a las 15, los de 15; a las 22, los de 22… ¿Y los mayores de 24?... ¡A pie! 
No, en la academia de inglés, no… (ni en la de música, ni en una clase de surf…) (*) 

Si te has apuntado alguna vez a aprender inglés siendo adulto, seguramente habrás vivido la experiencia de ver cómo tu compañerita de 11 o 12 años recuerda el vocabulario mucho mejor que tú, pronuncia con más soltura, entiende mejor las audiciones…, y te habrás solidarizado con los apuros del otro compañero ya jubilado o del jovencito que se ruboriza… Todos, por unos meses, estáis juntos en el nivel X de inglés (el curso siguiente quizá alguno repita o alguien avance dos niveles…).

¿Os imagináis que por cumplir años el 31 de diciembre tuvierais que matricularos en un nivel más bajo o en uno más alto que si vuestro cumpleaños fuera el 1 de enero? 
No, en la fábrica, no… (ni en la oficina, ni en el hospital, ni en el taller…) 

Los puestos y las responsabilidades en los trabajos no se administran ni se adjudican por edades, sino por niveles de conocimiento de la materia, por implicación en la tarea y en el equipo, por las aptitudes creativas, por las dotes de organización o de liderazgo, por las habilidades sociales o psicológicas, por la calidad humana, etc., etc.; sin que nada tenga que ver la edad de la persona que va a desempeñar dicha actividad. Así como tampoco se establecen los equipos ni los turnos atendiendo a la fecha de nacimiento, criterio que resultaría absolutamente absurdo e inadmisible, y que a ningún empresario o directivo se le habrá pasado nunca por la cabeza.

¿Os imagináis una oficina organizada por edades? ¿Un taller donde se manejan unas u otras herramientas según la edad del operario? ¿Un hospital en donde cada día de la semana se opera a los enfermos de unas determinadas edades? 
No, en la vida, no… (y en la muerte, tampoco) 

Vivimos juntos, compartimos el espacio y el tiempo, soñamos, queremos, reímos, bailamos, lloramos… juntos. No importa qué edad tengamos para ir al campo, para leer, para cantar, para disfrutar… Da igual cuántos años tengamos para aprender, para jugar, para dormir, para dar y pedir ayuda, para compadecernos, para necesitar a los demás… Y no existen edades exentas de sufrir ni de morir, por desgracia –o por suerte…

En la vida de verdad estamos juntos pequeños y mayores, jóvenes y adultos, viejos y bebés, y todos necesitamos la referencia de los demás para ser nosotros mismos y aprender, a los 2, a los 50 y a los 85.

Si para compartir cualquier faceta o actividad de nuestra vida tuviéramos que ser todos de la misma edad, no habría familias, ni cuadrillas, ni equipos, ni coros, ni grupos de baile, ni…, ni… Quizá existirían tan solo los ejércitos (con sus reemplazos) y… las escuelas (con sus grados)… ¡qué coincidencia tan macabra!

Porque…

En la escuela, sí 
En la escuela, sí… 

¿Quiénes, y en base a qué, por qué y para qué han decidido que los niños y niñas se agrupen por edades en las escuelas? ¿Hay alguna razón pedagógica para que las aulas sean homogéneas en edad? Aunque tampoco es exactamente así (menos mal…), puesto que están en el mismo grado los nacidos en enero y los nacidos en diciembre del mismo año, es decir, niños y niñas que se pueden llevar un año entero de diferencia.

¿Se supone que nacer en el mismo año garantiza tener el mismo “nivel”?

¿Alguna investigación, algún estudio ha demostrado que se aprende más siendo todos de la misma edad?

¿Tienen los alumnos más oportunidades de avanzar a su ritmo, según su personalidad y sus necesidades cuando son todos de 3 años, 9 o 12?

¿Están los niños más motivados y estimulados para aprender no teniendo otras referencias más avanzadas de otros niños más mayores?

¿Es más interesante estar oyendo y viendo, durante todas las horas escolares, solamente lo que nos aportan otros de la misma edad?

¿No es recomendable ser alentados por lo que saben y conocen otros niños que aportan opiniones, razonamientos, estrategias… más elaboradas?

¿Es más divertido jugar solamente con los de tu edad?

¿A quién solemos imitar los humanos? ¿A quién nos queremos parecer? ¿Cómo quién queremos ser? ¿Cuáles son nuestros modelos y referentes? ¿Los que son de nuestra edad o los más mayores, que saben más y tienen más experiencia que nosotros?

¿No es emocionante que un pequeñín mire con admiración a un compañero más mayor y que éste le tenga en cuenta, le haga un gesto cariñoso y cómplice y le ayude en alguna tarea compleja e interesante?

¿Es indiferente que en una excursión unos niños esperen a otros que andan más despacio porque son más chiquitines?, ¿que les lleven un ratito la mochila?, ¿que les aúpen para ver mejor los animales detrás de la valla?, ¿que les lean cuentos en un rincón del aula?, ¿que les enseñen trucos para trazar mejor las letras y calcular más rápido?...

¿Es bueno olvidar que, cuando éramos más pequeños, sabíamos menos y teníamos menos experiencia? ¿No está bien tenerlo presente viéndolo en otros compañeros que todavía no saben tanto como nosotros?

¿No se aprende más y mejor cuando tenemos que explicar lo aprendido a otros argumentando, sintetizando o adecuando nuestros argumentos, nuestro discurso a receptores de diferentes niveles?

¿Es justo estar condenado a desempeñar siempre el mismo rol (el de listo, bueno, torpe, payaso, despistado, sucio, pelma, rápido, lento…) durante diez años de educación infantil y primaria, sin tener opción a cambiar, sin oportunidad de ser de otra manera, siempre con el mismo grupo de compañeros y solamente con ellos? ¿No es más sano ser a veces el mayor y a veces el pequeño con lo que esto supone de adaptación, aceptación, humildad y respeto por uno mismo y por los demás?

Y, sobre todo, ¿no es más ético no ser constantemente comparado con los otros niños de tu edad y juzgado por el resultado de la comparación? (somos mucho más proclives a hacer comparaciones –odiosas- entre «iguales» que entre «diferentes»).

¿Qué pasa, entonces? ¿Por qué la escuela separa a los niños y niñas por edades? ¿A qué intereses responde este criterio? ¿Se ha revisado alguna vez en la historia reciente de la educación? ¿Hay una sola razón pedagógica para ello? ¿Qué ventajas educativas tiene esta distribución? ¿Por qué se nos hace creer a los docentes y a los padres que así es como debe ser?

Si la escuela y la vida tienen que ir a la par, si ésta tiene que ser la referencia de aquélla, si queremos educar y enseñar para ser mejores personas, para desarrollarnos personal y colectivamente, para el respeto y la convivencia, para el saber y el conocimiento, para la VIDA con mayúsculas…, no deberíamos propiciar ni justificar las escuelas graduadas por edades, no tiene ningún sentido, es una distribución totalmente ajena al mundo en el que vivimos y a la esencia misma del ser humano, que nunca se ha organizado y agrupado atendiendo a la edad.


En las escuelas rurales, pequeñas (Eskola Txikiak en el País Vasco) los grupos-aula son heterogéneos en edades (también en otros muchos aspectos, claro). Esta realidad se puede valorar con un «no hay otro remedio porque son muy pocos niños en la escuela» o, por el contrario, con un «qué suerte tenemos de tener niños de diferentes edades en la misma aula, como en la vida». La mayoría de las maestras y maestros que elegimos trabajar en este tipo de escuelas estamos convencidos de que todos los que formamos la comunidad escolar somos unos afortunados por ello: los alumnos, las familias y, por supuesto, nosotros mismos.


Creemos y nos reafirmamos cada día en que la riqueza de la interacción entre nuestros alumnos es auténtica, vital y demostrable; creemos y defendemos que este modelo de agrupamiento es bueno para aprender más y mejor, en todos los aspectos. Trabajamos con ilusión y profesionalidad, como otros docentes en sus escuelas, y defendemos las nuestras con pasión. Por eso nos sabe mal y nos duele oír o leer que se pone en duda la calidad de la educación en las aulas multigrado, sin ningún argumento pedagógico y sin posibilidad de exponer nuestras opiniones y experiencias y contrastarlas con otras diferentes.

La diversidad en la escuela es, además de una realidad, un valor, una oportunidad y un reto para las maestras y maestros, que nos abre puertas a la creatividad, a la ilusión y a la esperanza de construir entre todos un mundo mejor. Sueño con una escuela en la que los niños y las niñas vivan durante 9 o 10 años, aprendiendo y aprendiendo, sin saber en qué curso están.

ESKOLA TXIKIAK BIZIRIK! (¡Escuelas pequeñas vivas!)
Elena Laiz Sasiain. Maestra de escuela rural y formadora. Gipuzkoa





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